Desafíos pastorales en América

S.E. Mons. Carlos CAMADER GARCÍA
Obispo Auxiliar de Lima
Presidente Comisión del Apostolado Seglar CEP Peruana

"iCaminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse con la ayuda de Cristo” (NMI N° 58).
Con estas palabras de su Santidad Juan Pablo II, recogidas del de la Novo Milenio, quiero empezar mi ponencia que trata de resaltar los desafíos pastorales que se nos plantea para la iglesia en este presente milenio, tenemos mas de quinientos años de evangelización en nuestras tierras y descubrimos que aún nos falta mucho por descubrir y hacer descubrir a los demás la presencia del Señor en nuestras vidas.
Frente a las dificultades en las cuales estamos sumidos los países de América latina, es bueno recordar el Análisis sincero y desencarnado que se hace su santidad en la Exhortación Ecclesia in América, cuyo titulo es además sugerente:

PECADOS SOCIALES QUE CLAMAN AL CIELO
A la luz de la doctrina social de la Iglesia se aprecia también, más claramente, la gravedad de “los pecados sociales que claman al cielo, porque generan violencia, rompen la paz y la armonía entre las comunidades de una misma nación, entre las naciones y entre las diversas partes del Continente” (205).
Entre estos pecados se deben recordar, “el comercio de drogas, el lavado de las ganancias ilícitas, la corrupción en cualquier ambiente, el terror de la violencia, el armamentismo, la discriminación racial, las desigualdades entre los grupos sociales, la irrazonable destrucción de la naturaleza” (206). Estos pecados manifiestan una profunda crisis debido a la pérdida del sentido de Dios y a la ausencia de los principios morales que deben regir la vida de todo hombre. Sin una referencia moral se cae en un afán ilimitado de riqueza y de poder, que ofusca toda visión evangélica de la realidad social.
No pocas veces, esto provoca que algunas instancias públicas se despreocupen de la situación social. Cada vez más, en muchos países americanos impera un sistema conocido como “neoliberalismo”; sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles. De hecho, los pobres son cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de estructuras frecuentemente injustas (207).

Frente a esta realidad que no ha cambiado en los últimos cinco años y que por el contrario se ha acrecentado, tenemos que plantear que desafíos nos ofrecen estos dos documentos que son el motivo de nuestra reflexión en estos días en este encuentro de la Acción Católica de América especialmente.

Comenzare por la Novo Milenio porque, creo yo, ahí es donde se plantea algo totalmente distinto y novedoso, algo que nos pide la iglesia desde sus inicios, en el capitulo III que lleva por titulo Caminar desde Cristo, dice lo siguiente: “No se trata, pues, de inventar un programa nuevo. el programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene en cuenta el tiempo y la cultura para el verdadero dialogo y una comunicación eficaz”.

En este programa que se propone y que no ha cambiado a lo largo de los siglos como nos dice el Papa, lo novedoso es el planteamiento, antes empezábamos por el revés, y lo fundamental lo dejábamos para el último.
Él comienza, con la Santidad, la Oración, la Eucaristía Dominical, el Sacramento de la Reconciliación, la Primacía de la Gracia, la Escucha de la Palabra y el Anuncio de la Palabra.
Con respecto a la santidad, el don de la santidad que descubrimos en la iglesia, es un don que se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vida cristiana: “Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1Tes 4,3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: todos los cristianos de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor.
Esta santidad hay que ponerla como fundamento de la programación pastoral, y no podemos hablar de grandes logros si no nos proponemos cosas concretas y la santidad es lo mas concreto que se le pide a un cristiano.
El segundo punto es la Oración, no el rezar rutinario, sino aprendiendo a orar para que Cristo pueda permanecer en nosotros, como lo señala Su Santidad, esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condición para toda vida pastoral autentica.
Otro de los puntos es la Eucaristía Dominical, es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente, de esta manera nosotros podemos ser sacramento de unidad. La Eucaristía se convierte en momento, donde nosotros podemos nutrirnos del alimento para continuar nuestro camino.
El Sacramento de la Reconciliación, como el instrumento para reconocer nuestra humildad y nuestra fragilidad frente Dios, reconocernos pecadores y que además necesitamos ser perdonados y hacer patentes las palabras del Padre Nuestro, perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden, ¿cómo hablar del perdón si no descubrimos la riqueza del perdón en nuestras vidas?
Cuando nos habla su santidad de la Primacía de la gracia, que es muy importante para cualquiera de nuestros trabajos que emprendemos, no podemos pretender que todo se debe única y exclusivamente a nuestras capacidades, Dios nos pide utilizar todos los recursos, pero no debemos olvidar que sin Cristo no podemos hacer nada (Jn 15,5). La oración nos hace vivir precisamente en esta verdad, nos recuerda constantemente la primacía de Cristo y, en relación con él, la primacía de la vida interior y de la santidad. Es un acto de fe, confiar que todo esta en manos de Dios, sin dejar de esforzamos por hacer nuestro trabajo.
Como dice el Papa, también hay tomar en cuenta, que la primacía de la santidad y de la oración solo se puede concebir en una renovada escucha de la palabra de Dios, esta a su vez tiene que convertirse en un encuentro vital, en un descubrir lo que el señor nos quiere decir y como hemos de llevar la palabra en nuestras vidas, al alimentarnos de la Palabra esto nos impulsara a ser también anunciadores de la palabra, el nuevo impulso para la acción misionera de la iglesia en este nuevo milenio, el anuncio de Cristo, como el mismo nos lo señala “el cristianismo del tercer milenio debe responder cada vez mejor a esta exigencia de la inculturación.
Permaneciendo plenamente uno mismo, en total fidelidad con el anuncio evangélico y a la tradición de la Iglesia, llevara el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que ha sido acogido y arraigado” continua diciéndonos. La propuesta de Cristo se debe hacer a todos con confianza. Se ha de dirigir a los adultos, a las familias, a los jóvenes a los niños, sin esconder nunca las exigencias radicales del mensaje evangélico, atendiendo las exigencias de cada uno”.
Es importante resaltar después de descubrir este plan de vida que se convierte en un verdadero desafió pastoral, “nadie da lo que no tiene, cuanto más un cristiano sino tiene a Cristo en el primer lugar de su corazón, todo podrá ser bonito, y podremos poner miles de pretextos para justificar nuestra poca fe.
Es importante resaltar que este es un desafió pastoral tal vez, mas acaciante y exigente, empezando por la Santidad y culminando en el testimonio. Podremos ser humillados, que se burlen de nosotros, separados, e incluso martirizados de muchas maneras, pero habría que hacer nuestras las palabras del apóstol Pablo “sí él esta con nosotros quien contra nosotros” (Rm 8,38).

Texto rtf

IV Encuentro continental Americano - I Encuentro Americano FIAC-UMOFC- FIHC
EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO ES EL CAMINO PARA LA CONVERSIÓN, LA COMUNIÓN Y LA SOLIDARIEDAD - Lima, 6-9 de noviembre de 2003